dijous, 31 de desembre de 2009

¿Un abracito, Aloïse?

Tac. Tac. Tac. Empezaba a lloviznar y ellas dos seguían caminando.
Avanzaban despacio y en silencio, como si se les fuera el tiempo en ello.


-Mamá, quiero un abracito.
-¿Qué?
-Joder, mamá, pues eso, que quiero un abrazo. ¡Que necesito calor, hostia!


Y era verdad. Lo necesitaba porque tenía el corazón helado.
Se le había congelado ayer, cuando metida de coca hasta el coño, vio la sangre caliente derramándose entre sus piernas y notaba cómo el suelo del baño iba a incrustarse en el cráneo de tanto aferrarse a él.
Y cuando su amiga Pauline la encontró, le colocó una mantita y le susurraba Venga, Aloïse, las rockeras no lloran. No llores, bonita. No llores…

diumenge, 27 de desembre de 2009

Dara y sus 97 abrigos de hombre.


-¿Eh, Dara, el cafetito de siempre?
-Sí porfa, y no olvides el hielo. Lo quiero fresquito...


Eran las nueve de la mañana y Dara se sentaba sola en el bar con el pelo recogido de cualquier forma, mordiéndose las uñas rojas y restregando las mejillas en las mangas de un abrigo reciente.


-Mmmh, éste tenía pasta. Dímelo, tenía pasta, ¿a que sí? Juraría que es de piel cara, en serio.
-Sí, supongo... en el armario tenía prendas de seda. De su mujer, quizás. Eso o tiene el mismo vicio que yo. Ah, y sabes? También tenía jacuzzi. Lo hicimos ahí, en su cama, en el sofá, en la cocina... ¡y en el suelo, Joselito! Fue brutal. Si no tuviera principios me casaría con él, ¡te lo juro!


Dara creía en los finales felices, por lo que desaparecía antes de que abrieran los párpados y pudieran ofrecerle un zumo, ver la tele o su número de móvil. Así tendría muchos posibles finales felices.


-A veeer... creo que lleva Rabanne.
-Sí, es posible - musitó.


Para compensar el que desapareciera sin el abrigo el cual se habían tenido que quitar en cualquier callejón oscuro mientras Dara les comía la oreja, les deja a cada uno las bragas de lencería compradas esa mañana, especialmente para ellos.
Luego, se iría al bar de siempre a pedir un cafetito frío para despertarse, y Joselito la estaría esperando para recibir el cotilleo y servirle un café.


divendres, 4 de desembre de 2009

Entre la Perfección y las correas en su espalda.

-¿Quién iba a decirlo, eh? A ella, que parecía tan perfecta...



La rutina de Amelia era la de parecer feliz. Su trabajo era representar un hogar ideal, una familia ideal, una mujer ideal.  Tenía muchos vestidos y de muy diferentes. Pero ninguno de ellos enseñaba la espalda... ni el corazón. Ni sus ojos lo hacían.
Fue la mayor mentirosa de la historia. Ahora la única verdad que recuerdo es el beso en la puerta de mi piso. Se dejó morir, dejándome mil preguntas en las pupilas... cuando la vi por última vez.


Su casa era perfecta, su hijo adolescente era calladito pero hablaba con los ojos. Te los clavaba hasta el fondo de los tuyos.  Su marido el mejor sastre de la ciudad, y siempre llevaba el periódico en la mano. Y bueno, Amelia, también era perfecta. No parecía madre, más bien parecía que hubiera salido de un catálogo de tías buenas. Unos 30 y pocos tacos. No puedo decir mucho más de ella, a mí, sinceramente, desde el principio me sabía un poco superficial. Es imposible que fuera tan pura como parecía. Nos manipuló a todos, aunque no me esperaba que su situación fuera tan brutal. Pero estaba buenísima, y gustaba a todo el mundo. Olía a ropa limpia y se la veía mucho paseándose, siempre preciosa y rubia. No, espera, no era rubia, era rubiísima. Y tenía el pelo muy, muy largo y brillante, sedoso, con tirabuzones naturales.
Odio admitirlo, pero me fascinaba. A mí y a todos los vecinos.
Las vecinas marujas del edificio le tiraban pedos constantemente por las espaldas, pero al verla, a todas se les caía la baba.
No había un día en que no le veía esa sonrisa dulce y transparente perfumada en los labios, cuando yo bajaba a fumar en el portal y ''casualmente'' me la encontraba.


La primera tarde que alcé la cabeza y la invité a tomar un café, unas copas, una cama, lo que surgiera.  Las vecinas han de conocerse un poco, ¿No? Y ella era nueva en el edificio, más o menos.


No fumaba, como supuse. Sus dientes eran nieve. Tampoco bebía café ni alcohol.
Su hilo de voz  me electrocutaba el cuello cada vez que dejaba entreoírse entre el gentío de viernes. Me cagaba en la puta música y el puto humo. Aunque gracias a ello, tuve la excusa de acercar mi oreja a sus labios. El aliento tan dulce que emanaba, me mareó.
Cuando la escuchaba no dejaba de pensar en el placer de sentir las sábanas limpias  al revolverme. Entre mis piernas, entre mis brazos, entre mis pechos... después de una velada húmeda. Hablaba sobre su hijo y su difícil adolescencia pues su padre no se dejaba ver demasiado, sobre la película de la semana pasada, sobre artistas, cuadros, libros... Joder, si yo te contara lo que me gusta, me gustaría haberle dicho. Hubiera quedado un poco descarado y a lo mejor se iba corriendo, ¿no? .   ''Bueno, y tú qué tal? Perdona, es que cuando me pongo a hablar, se me va el tiempo de las manos! Eres una una gran escuchadora, Gloria.'' Y su risa se me atragantó en el cuello. Volvimos caminando y la calle estaba desierta. Ella caminaba rápido. Muy rápido, con las cejas apretadas y mordiéndose el labio. Ahora que lo pienso, le sonó el móvil unas cuantas veces en el bar, pero no lo cogió.
Subimos al ascensor y me acompañó hasta la puerta de mi casa (ella vivía en el tercero y yo, en el segundo).
Se miró el reloj. Pude apreciar pánico en el fondo de sus ojos. Aún así, respiró hondo y relajó la cara. Como últimas palabras de aquella velada me dijo:
-Me ha encantado. A ver si lo repetimos algún día, ¿no?
-Sí, claro, cuando te apetezca hacerlo, estoo, de ir a tomar algo, quiero decir! Hazme una llamada, cuando quieras. Espero verte pronto.


Esbozó media sonrisa. Me dio un beso cálido en la mejilla, se giró hacia la otra y torció los labios hacia la entrada de los míos. Dejó ir una bocanada de aire en mi oreja y me susurró: ''Yo también lo espero''.
Se separó y dirigió sus piernas hacia el ascensor.


Mi cigarrillo y yo la estuvimos esperando dos días en el portal.
El tercer día, la policía y la ambulancia se llevaron un cuerpo interte en camilla.
Y el marido de Amelia con la cabeza agachada y esposado.
Su hijo miraba hacia el suelo, perdido, vacío. Muerto.


Amelia no apareció. Y su llamada, tampoco.

dilluns, 23 de novembre de 2009

A la mierda tú.





A ver si subida en mis zapatos de vértigo,
me dejo la vida en el suelo.
A ver si te resbalas en mi chaqueta de cuero,
si se quedan en mis sueños tus besos,
estas noches que yo ya no duermo.

Vuela tu olor entre las rejillas que me esclavizan
la piel entre cadenas de verdad hasta entrepierna,
 y tu calor se convierte en polvo de estrella
y yo subida en mis zapatos de vértigo,
igual me dejo la vida en el suelo.

dimecres, 18 de novembre de 2009

¡Qué Perfecta te veo, María!

Uf, pero qué rizado tienes el pelo. ¿Desde cuándo no te lo cortas?
Ay, pero qué uñas tan mordidas, las tuyas. Y esos pantalones, ¿de dónde los has sacado, del contenedor de al lado? Niña, vístete como es debido. Ponte unos botines de taconcito, que ahora las chicas de tu edad los llevan mucho. Ponte unos pitillos, a ver si encuentras un novio, mujer. Yo te compraré un sujetador de encaje. Píntate la raya, plánchate el pelo, perfúmate, niega todo deseo sexual, repúgnate ante las palabras ''masturbación'' y ''homosexual'', escoge una risita femelle, blablablabla...


Robots de plástico. Muñecas de hierro.
Si no eres igual, no está permitido que te quieran.
Si eres igual, pueden quererte, pero con una condición:
debes hablar desde el culo.


Ahora... voy a hincharme de porno Lila. ¡Ha!

''Hoy será un día especial''

Las siete y el puto despertador se ríe de mí otra mañana más. Ah, el suelo está frío que te cagas. La primera camiseta que pillo para que mi querida familia no sea testigo de mi cuerpo en bolas y con los ojos aún cerrados, el chorro de la ducha caliente me adormece aún más. Después y con el pelo enredado y con la toalla desvistiéndome gracias a la gravedad, mi cafetito me espera junto a la televisión, y miro los informativos sin escucharlos, pues hoy tengo ese examen de física que prometí estudiar días antes lo tuviera, y como todas las promesas que me hago, acaban fundiéndose en el café y olvidadas en el agua del váter. 


Ah, hoy las volveré a ver a todas. Quizás Adriana traiga nuevas noticias excitantes. Me espera una clase de cachondeo con Judit y a lo mejor hablaremos de algo lo cual estaremos de acuerdo, y Tania me dará abrazos cálidos de niña. Y Alba, en el patio con sus comentarios sarcásticos y algún besito. Me pongo lo primero que pillo, y ¡mierda! no encuentro unos calcetines iguales. Bah, es igual: me pongo estos dos que se parecen. Me peino un poco y me lavo los dientes a toda leche, y salgo medio vestida de casa y con los cordones por dentro, mal puestos porque me molestan.


Joder, pero qué frío hace fuera.  Pero me da igual y echo a correr. El agua del pelo se me congela y la cara, también. He olvidado ponerme crema y no puedo gesticularla, y los dedos cogen un leve color lila-azul y la piel cortada y seca. Aun así, siento cómo los gemelos empiezan a coger temperatura y sé que cuando me siente a clase, volveré a sudar.
Un día más...
y llego tarde otra vez.

diumenge, 15 de novembre de 2009

Ay, papis
no me mostréis esos disgustos,
esos llantos, tan tristes que estáis
que vosotros me queríais de médico
y os he salido amante de la lírica,
que si creo en algo, en estos tiempos 
de revoltijo, creo en el Rock.
Que me queríais calladita y buena hija,
pero yo prefiero la verdad
y soy vieja amiga del alcohol.


Ay papis,
que antes de nacer no hice ninguna de esas promesas,
que mi corazón es vagabundo de corrientes y mareas
que se decanta por la vida misma y rehuye de ironías vuestras...

Huele a juventud.

Me ha parecido ver destellos en la sonrisa
de tus labios, una vez al vernos
y que la matabas, sin decir nada
con la cabeza baja.


Que a mí me enamora verla,
pues contrastan la tuya y la mía
una melodía que es sólo nuestra
llena de verdad y cosas buenas.


Y a mí no me importan si piensas,
si piensan que estoy loca.
Nena, vente conmigo, si
yo te doy calor...

dissabte, 7 de novembre de 2009

Dentro de su camiseta...
no es noviembre,
no tengo padres,
el sitio no cuenta
y yo no soy tan yo.




Ya si eso, te diré cosas bonitas
cuando no tenga tus manos en mi cadera
y me acuerde del amor.
Roza un poquito más mis manos... los dedos entrelazados encima de tu pierna y debajo de la mesa, deja que la electrochoque por mi espalda, corroa. Y deja que sea un poco tuya... cuando nuestras pupilas choquen un poquito por error: delante de todos, delante de nadie. Un hilo es el nuestro, llevadero de vida, vertiente de sexo. Debajo de la mesa se haga una burbuja de aire escarlata en el que no quepan versos, sílabas, poemas, promesas, lírica o sentimientos; sólo dos cuerpos.
Roza un poquito más mis manos... hazme el amor sin querer.
En un instante, con el desvío de tus ojos.

divendres, 6 de novembre de 2009

Manchas de Luna en la guitarra.


Quizás eran lágrimas de Luna
lo que arropaba su pelo.
Quizás era lluvia de sus ojos,
lo que derramaba su sed.



Luces mustias callejeras
cortejando la acera, los restos de ella
y la guitarra entre sus piernas.
Exhaló la más bella melodía
con la calle de compañera,
traficando emociones de Musa expuesta
respirando lírica mera.



''Ésta es mi última noche''
susurraba suspiros de luto.
su sayo lo envolvía la Luna;
velando música de barro,
vertió versos de poeta corrupto
dejándose, un poquito
los labios en el asfalto.



Entre sus piernas una guitarra,
sobre sus pómulos, frágil luz clara
cantó versos al cielo, cantó
promesas de hiel, mas su cuerpo
es preso del mojado aguacero:
celdas de aurora en su piel.


Una noche más se ha manchado de Luna
y se vuelve a quejar.

diumenge, 25 d’octubre de 2009

Claudia perdió su edad, pero la recuperó.

Claudia había perdido su edad.

Hacía algún tiempo nadie volvió a ver el brillo de sus ojos, pues pensaban que el tiempo lo había fundido de por vida. Las navidades ya no le regalaban nada y los besos de los hombres capaces de tocar sexo en el corazón, la aburrían.


Nadie se atrevía a cuestionar la sonrisa torcida que dejaba entrever entre el cabello que la escondía, pues aunque no se pronunciaba, se sabía que derramaba muerte en cada derramo de día.
Pero todos se equivocaron, todos la dejaron por perdida y Claudia renació. Dejó de sentir presión en el cuello por las noches, dejó de tambalear sus brazos al andar . Volvió a sentir miedo, volvió a querer llorar de felicidad... pues le quedaba alguna lágrima.





Tristeza, pasividad, lascivia, sarcasmo, piedad, soberbia... poco a poco la propia Claudia sintió de nuevo su piel. Y recordo qué era el odio... y odió a todas esas personas que odiaban los sentimientos. A las que alguna vez han deseado dejar de sentir, las que han querido ser zombis.
Se odió a sí misma por haber sido una de ellas.


Y una vez más, dejó de tocar teclas y más teclas para ir al bar donde solían quedar, le daría un besito e irían de la mano a cualquier lugar en el que follar con la mirada tranquilamente.

diumenge, 11 d’octubre de 2009

Laura.

En una tarde de otoño, su mente decidió abandonar los restos de Laura. Retroceder al pasado, esfumarse como la vida esfumó de ella en estos últimos años. Un domingo salió del agujero al que le llamamos casa donde supuestamente debería haber sido un sitio cálido y feliz. Pero la suya no era ni cálida ni feliz: la entrada olía a Marihuana y su propia habitación le gritaba ‘’dolor’’ cuando se encerraba en ella buscando refugio del mundo. Su habitación era todavía peor... No solía entrar más que para dormir en alguna noche excepcional, pues ya casi no duerme y si lo hace, no es en su ‘’hogar’’. En el espejo de ésta, en sus sábanas, en sus flores amarillas de plástico podía entrever la mirada lasciva de su padre. Lo poco que había dormido en su cama desde entonces, respiraba por la boca siempre, pues sentía su olor y el de su piel impulsiva y constante que una noche olió sin querer y quedó grabada para el resto de sus entrañas, frustrándola hasta su más hondo y pequeño amor. Así pues, un día decidió dejarse la vida en casa: sin paraguas y la nostalgia como compañera, abrió la puerta de su portal y con los pies descalzos y sin chaqueta, echó a correr. Hacia la periferia, corría con una sonrisa en la cara, pero una de verdad. Las sonrisas de mentira se perdían ahora por sus pies, abandonaba cada una de ellas en las calles de oscuridad que destinaban  a la estación.


Y sintiendo las carnes de sus muslos atrofiadas, agotadas, descendió su ritmo por la calle Barcelona. Sus pies no habían sentido el suelo antes, y ahora, calientes y descalzos, ardían en el suelo exhaustos por cada sonrisa plena que conseguía sacar del alma. Caminaba despacio, en calma. Las gotitas frías de seda aparecían atravesando sus mejillas;  toda esa calle rozaba su piel descubierta como la acaricia de un beso. Pero no un beso de agradecer, no como un beso de encuentro, ni de los que te salen de lo más hondo. El beso de una calle que te hace suya, te aferra en su ternura con olor a humedad y a barro, a obras, a cantidades de polvo mojado. La lluvia descendía con rabia y empapada delante el reloj de la estación de Girona, le pareció estar llorando. El pelo atrapaba los párpados caídos de Laura. Le nublaban la realidad en la que estaba metida, en la que no siempre había sido la suya, no la misma de cuatro años atrás. Entonces podía ser feliz. Su madre no dejaría nunca que su papá hiciera lo que hizo ni que sigue haciendo, entonces la protegería entre sus brazos cálidos y suaves, los besos húmedos de una madre.  Como los de esa calle en obras y oscura. Entonces su madre no huiría de ella. Sus rodillas clavaban en el suelo una inocencia irrumpida bañada en nostalgia y seguida por cúmulo de frustraciones y, con la punta del dedo índice, apoyaba todo el dolor muscular que comprimía el corazón contra el charco de lágrimas en que se bañaba.


Su mirada seca de lágrimas retornó de la pausa emocional en la que había sentido un poquito otra vez su cuerpo y, sin mirar hacia atrás, Laura fue arrastrada  por sus calmados pasos hacia el destino de una vida mejor para sus ojos vacíos: allí, entre gente gritando y ojos llenos de miedo, de sorpresa y las vías del metro que incrustaban sus carnes, volvió a su pasado de sentimientos volátiles y de sonrisas fáciles, y aunque sólo fue por un instante cuando el metro atravesó su cuerpo joven y oxidado, le pareció ver a su madre sin ojeras y sin un cigarro en la mano. La esperaba, tenía los ojos de melancolía y los brazos abiertos llenos de calor corporal.
Laura fue feliz.

diumenge, 4 d’octubre de 2009

Caprichos.


Dos cuerpos pegados ardían de lascivia cuando, una vez más, el mundo moría en guerra y llanto. Y a ellos no les importaba, pues se bañaban en fuego. Dime, ¿a quién no le gusta el poder?



Amor ha sido siempre una mujercita muy egoísta.
Primero te agarra, te sacude hasta el punto en que te abstrae del aire. Y más tarde...
te abandona a reembolso de algún caprichito y con la pregunta de si volverá y te seducirá como la última Amor.

dissabte, 26 de setembre de 2009

Lady Cheap Heart.

La música rebotaba contra mi cuerpo, las luces enfocaban partes de mí, me escondían, me insinuaban. Encima del escenario yo no era yo.


Mi piel gritaba ''faena'', y mi corazón, ''compasión''. Estos dos nunca se han llevado demasiado bien. Una está loca: me incita practicar Rock 'n Roll, mientras el otro, sólo pide amor.


Ya me conocía los pasos. Cada movimiento de mi cuerpo contrastaba en la noche casi de forma calculada. El ritmo de la batería me marcaba los pasos del camino hacia una oscuridad conocida.


Esa vez no quise tener un objetivo, así que me dejé llevar. El alcohol me guió a múltiples bocas desconocidas, todas ellas poco inocentes. Mujeres. Hombres. Marihuana. Y yo quise más.


Haciendo creer que yo no era una miserable, las manos de ese desgraciado rebosaban de ansiedad y querían atrapar cada centímetro de mi cuerpo. Qué ingenuo. Creyó de veras que todavía era niña.


Y en un lavabo oscuro, en medio de un largo camino por recorrer con ese imbécil, me harté.


Me separé de él. Me levanté de sus piernas, y sin girarme, le cerré la puerta en las narices, bebí un poco de agua y volví a mi parcela de juventud con mis piernas cerradas, mis pasos desmesurados y mi mirada vacía. La mirada vacía que se tiene al no pensar, la mirada vacía de la droga, la del sexo, la de irse y abandonar algo sin más.


Esa noche me sentí muerta. Me sentí la marioneta de mi propia decisión, la de los labios de otro, y su cuerpo, todo él miserable.


Y comprendí que yo nunca amé a nadie. Que yo no sé amar, que huyo del amor, que lo rechazo, que lo odio y que lo estafo.


Que una noche más, fui una vagabunda buscando en la basura luz en la oscuridad...

Mar ya no escucha rap.

Escuchaba canciones de olvido, de desamor y de otras mierdas inútiles. El rap de odio había sido olvidado, lo había cambiado por cuatro canciones pop de mierda por tal de reforzar una nostalgia patética. Mar llevaba días escondiéndose en habitaciones oscuras escribiendo al vacío. Su corazón comprimido derramaba versos sin sentido, pues rebuscar en el propio agujero, aliviaba. Las personas somos así de débiles. No salimos de nuestros agujeros porque queramos, salimos porque el tiempo acaba haciéndolo. Y esque los agujeros son tan fáciles y cómodos.. siempre tienes una excusa para sufrir. Y con esa excusa, piensas que ya nada puede hacerte daño.
 Mar tenía claro que Leire no estaba con ella. Y que por más que la persiguiera en su interior, por más que intentara buscar las palabras exactas y la Mar perfecta que podría ser, Leire no estaba satisfecha. Ésta había regalado su corazón a una desconocida, ‘’ ¿cómo puede?’’ Mar agonizaba, pues creía que la podría hacer feliz de verdad. Desesperaba cada día por gritar al cielo, gritar con rabia que la quiere, que la ama, que nadie la merecía porque nadie era capaz de quererla como ella, como ella podría hacer. ¿Quién iba a desear sus labios, aún extraños, más que ella misma? ¿Quién sabría apreciar las verdades de su piel? ¿Quién éstaba anhelando verla estirada junto a ella, con una mirada llena y relajada revuelta en las sábanas, mirándola?  Y con la verdad pura y dura en la cara, con mil decisiones espontáneas por decidir, Mar no era más que Mar mentirosa y cobarde, que buscaba estrategias para que Leire se interesase en explorar su corazón intentando cambiar los papeles de depredador – presa: la seducción impulsiva, la belleza pintada, el falso control y el falso poder de Mar, eran vanos. Leire es de esas personas que en cuanto algo no les acaba de gustar, lo rechazan sin más. Quizás era eso lo que tanto le atraía a Mar, el hacerle sentir viva, el Poder, la fuerza, el hecho de que ella no es ni será suya. Porque no lo será.



Leire no volverá a sus brazos porque nunca ha estado en ellos; recorre el camino del amor y apartará a quien sea para probar los brazos de otra. Mar sabe que luchar contra marea acabaría ahogándola, que si intentara detener a Leire, la aplastaría. Así que intenta detenerla sutil y lentamente.



Mar, simplemente, le da su amor. La apoya, la mima, le emana confianza. Se acerca, se aleja, se ausenta. Le miente, se ensucia. Busca palabras y un corazón que le sirva.



Mar ha cambiado el rap de odio por cuatro canciones pop de mierda por tal de reforzar los recuerdos transparentes de Leire… porque puede sentirla.

dimecres, 23 de setembre de 2009

Nora.

Era un día cualquiera dirigiendo con calma sus pasos a cualquier sitio, haciendo de su camino una pausa en el tiempo. Ese día no iba demasiado especial: la camiseta marrón diminuta de siempre (esa que perfila cada centímetro de su cadera y insinua parte de sus pechos jóvenes), los pantalones negros y ajustados de siempre, los zapatones negros de rasgos raperos que tienen cuadraditos blancos. Los de siempre.  El aire alborotaba sus cabellos oscuros atados por clips y una pequeña coleta que cogía sólo unos pocos mechones. Caminaba despreocupada, libre y un poco descoordinada. Se sentía la única reina de la calle, mostraba orgullosa muchas de las Noras con el corazón prostituído, creyéndose así que la gente sabía que ella era una triunfadora.


 Bajando la calle Pericot, Nora era segura de sí misma, formal, desinteresada, concentrada en su ruta. Llegaba a San Josep y su seguridad desvanecía, pasando a ser tímida y dulce, inocente y muy niña.
Y por la grandes calles de Mil·li Grahit, pisaba fuerte. Aquella Nora tenía cuatro años más que los que solía tener, su cabeza no bajaba de cierta altura, decisiva, sarcástica, caminaba directa, lasciva, fácil de ver pero difícil de mirar.


Pero Nora sabía que sus chicas vividoras de la calle la dejarían completamente desarmada y en pelota picada otra vez cuando, al atravesar el corredero de la entrada del instituto, se encontrara con Ella.
De todos modos, sabe que no va a durarle mucho tiempo, pues Nora no espera y Ella encuentra más de lo que busca. Simplemente Nora disfruta del ahora, sabe que es lo único que le pertenece y que es una nata autoregeneradora...


Por el momento, a su lado es sólo un corazón descontrolado de latir fuerte, que asustado y sin querer, permanece incrustado en las carnes de una piel variable.

divendres, 18 de setembre de 2009

Maite ya no es tan dulce para el Rock 'n Roll.


Maite y su picardía, Maite y el mundo en sus pies. Ella ha sido siempre una triunfadora, ha pisoteado el miedo, ha escupido el reto y ha luchado con la Verdad como escudo. Pero Maite no será siempre sólo suya... la vida con el tiempo hacen juntos que ella se pierda. Y Va adentrándose poco a poco en un mar con de súbitas mareas, de lunas violetas y de olores dulces de mujer... y va descubriendo su propia verdad que siempre andaba escondida, esa verdad por la que nunca antes había luchado, guardándose esencias de cada mujer que resbala en su vida, las que la hacen temblar, esas musas del amor que sin conocerla saquean brutalmente su mundo y la certeza de quién es ella. Y a Maite le gusta temblar, le gusta saber que no es toda suya, que hay una parte en ella que desea una realidad idónea, que desea quererse por encima de la gente y de las bocas. Que es nueva en esto, y sólo sabe lo que quiere. Y la quiere a Ella. Su fuerza, sus chinches, su agudeza... y sueña en que un día pueda abrazarla sin miedo, sólo con ella en una burbuja de puro acero.




Así pues, nos encontramos de la mano dos extrañas adentrando nuestros cuerpos en un bar donde nadie es persona y las musas del sentir cojan nuestros cuerpos para hacer de ellos Rock 'n Roll.










dimecres, 9 de setembre de 2009

Alba, dulce como el mango.

Alba es una de esas personas de las que nunca tienen nada que decir. Y si hablan, es de verdad. No he conocido mayor elegancia que la suya, ni otra más dulce. Su halo es tan agradable y suave que te manipula discretamente para no decir nada vulgar, sucio o innecesario para no cambiar esa mirada inocente y clara suya, ni romper ese fino y pequeño cuerpecito de cristal tan transparente que a veces es invisible para aquellos quienes no pueden apreciar la belleza de la fineza. Es tan delicada que podría romperse en mil pedacitos en cualquier momento... y así hace. Y se esconde muy bien.


En silencio,  todos sabemos que un día va a estallar. Se ensuciará hasta tal punto que abandonará su inocencia en las manos de otros, en los porros, en el pote y en los polvos. Alba es una de esas personas de las que parece que nunca tienen nada que decir. Y si habla, es porque al final convive con una muerte dentro suyo: la de la ingenuidad.


dimarts, 8 de setembre de 2009

Sedúceme.

Sedúceme a tu manera, a tu gusto, sedúceme sólo a mi. Con tu olor, con tus manos, necesito seducción. Sedúceme al hablar, con tu inteligencia, con tu picardía, hazme temblar, quiero que me hagas olvidar la dignidad cuando estemos empapados de sudor y tengamos que decir ‘’no puedo más’’. Enséñame risueñamente el cómo perderme en tu calor. Después hazme saborear el sufrir, el morirme de ganas cuando tú me seduzcas y tú no te tienes por mí ni por mi amor. Sé difícil, sé imposible, quiero rabiar de impotencia y quiero no tenerte a mi labor. Sedúceme, necesito seducción. Estoy cansada de seducir, quiero que juegues conmigo a que tú no eres mío. Sedúceme a mí, pero no intentes camelar mi corazón, te aconsejo: no se estafa fácilmente, cobra a reembolso y repela la manipulación. Seduce mis sentidos, seduce mi cordura. Si lo consigues te prometo que te daré un poco de yo. Sedúceme, que no saben seducirme y mi labia en el juego está perdiendo su color. Átame a tus cadenas y dame, muy poquito, algún capricho de amor...

Miss Cheap Heart.

De nuevo gimió un orgasmo enlatado. Su piel oxidada desgastaba, poniéndola a prueba una vez más. Tuvo un puntazo de fuerza, amor y verdad; se miró las manos y éste desvaneció. ''Otra vez será'' dijo en sus adentros. Necesita el dinero para su hija.

Y exhumó otro orgasmo de plástico.


Esto no es vivir, esto es sobrevivir... vacía.

Ingrid... sin, con y sin Eva.

Ingrid fuerte, segura, ni muy niña ni muy mujer. Avanzaba veloz en la calle oscura embriagando la noche, desprendiendo la libertad por todo su ser como sólo ella sabía hacer. Sus cabellos, frescos y decididos, luchaban por desprenderse en el aire y volar libres, envenenando sin querer la ciudad con su fragancia única, suave y fresca. Tentando sin propósito la cordura de la calle.
Sus ojos, los más negros de la noche, invitaban a la puerta de a saber qué paraíso, miraban firmes limitando a aquellos que miraban sin querer qué puertas cerradas nunca abrirían. La nariz, pícara y pequeña, complementaban los labios claros y sensuales. A conjunto de su clara piel, sus pechos jóvenes y suaves, sus piernas largas y su cintura delgada. Ingrid no se maquillaba. Una voz sensual, un cuerpo de muerte y una inocencia guardada.
Ella era pura dinamita, Ingrid era Ingrid y nadie ni nada podía cambiarlo. O eso creía.
Ingrid era pura dinamita cuando no sabía qué era el amor.  Hasta que sucedió. Lo que tuvo que suceder: Ingrid experimentó cuanto los demás la sienten a ella: Pasión. Admiración. Euforia.
Y sus noches y drogas, noches y locura, sexo, éxtasis, las noches más explosivas con los hombres más explosivos fueron tan sólo un lejano eco del pasado cuando la conoció a Ella. Conoció el amor reencarnado en mujer.
Ella. Y murió por sus carnes. Por su boca fina y simpática, por sus ojos claros y buenos, por su cuerpo pequeño y suave. Toda ella la acogía con su más cálida piel y su más dulce sonrisa. Y la cordura de Ingrid se perdió. Y cada día era más inocente, y más niña, e iba perdiendo el control de ella misma. Y eso era felicidad. Empezó a amarse menos hacia dentro y más hacia fuera, pretendiendo sorber cada una de las partes de Eva. Y las noches rutinarias del sábado se convirtieron en rutina de morir en las caderas de Ella, y las tardes se convirtieron en polvos en lavabos, euforia y admiración. Pero llegó demasiado lejos. Sueños hedonistas, obsesiones posesivas y exigencias cobardes. Ingrid dejó de ser Ingrid enamorada, se transformó en desesperación y posesa. Y quería encerrar el amor para siempre, quiso atar con ella a Eva con cadenas de acero, y tener los poderes de una lince para no perder ni una gota de ella.

 Y Eva dijo Basta. Exhaustada, obligó a que le devolviera lo que nunca iba a regalar: la Libertad.

Ingrid no tan fuerte, no tan segura, no tan niña y más mujer.