dissabte, 26 de setembre de 2009

Lady Cheap Heart.

La música rebotaba contra mi cuerpo, las luces enfocaban partes de mí, me escondían, me insinuaban. Encima del escenario yo no era yo.


Mi piel gritaba ''faena'', y mi corazón, ''compasión''. Estos dos nunca se han llevado demasiado bien. Una está loca: me incita practicar Rock 'n Roll, mientras el otro, sólo pide amor.


Ya me conocía los pasos. Cada movimiento de mi cuerpo contrastaba en la noche casi de forma calculada. El ritmo de la batería me marcaba los pasos del camino hacia una oscuridad conocida.


Esa vez no quise tener un objetivo, así que me dejé llevar. El alcohol me guió a múltiples bocas desconocidas, todas ellas poco inocentes. Mujeres. Hombres. Marihuana. Y yo quise más.


Haciendo creer que yo no era una miserable, las manos de ese desgraciado rebosaban de ansiedad y querían atrapar cada centímetro de mi cuerpo. Qué ingenuo. Creyó de veras que todavía era niña.


Y en un lavabo oscuro, en medio de un largo camino por recorrer con ese imbécil, me harté.


Me separé de él. Me levanté de sus piernas, y sin girarme, le cerré la puerta en las narices, bebí un poco de agua y volví a mi parcela de juventud con mis piernas cerradas, mis pasos desmesurados y mi mirada vacía. La mirada vacía que se tiene al no pensar, la mirada vacía de la droga, la del sexo, la de irse y abandonar algo sin más.


Esa noche me sentí muerta. Me sentí la marioneta de mi propia decisión, la de los labios de otro, y su cuerpo, todo él miserable.


Y comprendí que yo nunca amé a nadie. Que yo no sé amar, que huyo del amor, que lo rechazo, que lo odio y que lo estafo.


Que una noche más, fui una vagabunda buscando en la basura luz en la oscuridad...

Mar ya no escucha rap.

Escuchaba canciones de olvido, de desamor y de otras mierdas inútiles. El rap de odio había sido olvidado, lo había cambiado por cuatro canciones pop de mierda por tal de reforzar una nostalgia patética. Mar llevaba días escondiéndose en habitaciones oscuras escribiendo al vacío. Su corazón comprimido derramaba versos sin sentido, pues rebuscar en el propio agujero, aliviaba. Las personas somos así de débiles. No salimos de nuestros agujeros porque queramos, salimos porque el tiempo acaba haciéndolo. Y esque los agujeros son tan fáciles y cómodos.. siempre tienes una excusa para sufrir. Y con esa excusa, piensas que ya nada puede hacerte daño.
 Mar tenía claro que Leire no estaba con ella. Y que por más que la persiguiera en su interior, por más que intentara buscar las palabras exactas y la Mar perfecta que podría ser, Leire no estaba satisfecha. Ésta había regalado su corazón a una desconocida, ‘’ ¿cómo puede?’’ Mar agonizaba, pues creía que la podría hacer feliz de verdad. Desesperaba cada día por gritar al cielo, gritar con rabia que la quiere, que la ama, que nadie la merecía porque nadie era capaz de quererla como ella, como ella podría hacer. ¿Quién iba a desear sus labios, aún extraños, más que ella misma? ¿Quién sabría apreciar las verdades de su piel? ¿Quién éstaba anhelando verla estirada junto a ella, con una mirada llena y relajada revuelta en las sábanas, mirándola?  Y con la verdad pura y dura en la cara, con mil decisiones espontáneas por decidir, Mar no era más que Mar mentirosa y cobarde, que buscaba estrategias para que Leire se interesase en explorar su corazón intentando cambiar los papeles de depredador – presa: la seducción impulsiva, la belleza pintada, el falso control y el falso poder de Mar, eran vanos. Leire es de esas personas que en cuanto algo no les acaba de gustar, lo rechazan sin más. Quizás era eso lo que tanto le atraía a Mar, el hacerle sentir viva, el Poder, la fuerza, el hecho de que ella no es ni será suya. Porque no lo será.



Leire no volverá a sus brazos porque nunca ha estado en ellos; recorre el camino del amor y apartará a quien sea para probar los brazos de otra. Mar sabe que luchar contra marea acabaría ahogándola, que si intentara detener a Leire, la aplastaría. Así que intenta detenerla sutil y lentamente.



Mar, simplemente, le da su amor. La apoya, la mima, le emana confianza. Se acerca, se aleja, se ausenta. Le miente, se ensucia. Busca palabras y un corazón que le sirva.



Mar ha cambiado el rap de odio por cuatro canciones pop de mierda por tal de reforzar los recuerdos transparentes de Leire… porque puede sentirla.

dimecres, 23 de setembre de 2009

Nora.

Era un día cualquiera dirigiendo con calma sus pasos a cualquier sitio, haciendo de su camino una pausa en el tiempo. Ese día no iba demasiado especial: la camiseta marrón diminuta de siempre (esa que perfila cada centímetro de su cadera y insinua parte de sus pechos jóvenes), los pantalones negros y ajustados de siempre, los zapatones negros de rasgos raperos que tienen cuadraditos blancos. Los de siempre.  El aire alborotaba sus cabellos oscuros atados por clips y una pequeña coleta que cogía sólo unos pocos mechones. Caminaba despreocupada, libre y un poco descoordinada. Se sentía la única reina de la calle, mostraba orgullosa muchas de las Noras con el corazón prostituído, creyéndose así que la gente sabía que ella era una triunfadora.


 Bajando la calle Pericot, Nora era segura de sí misma, formal, desinteresada, concentrada en su ruta. Llegaba a San Josep y su seguridad desvanecía, pasando a ser tímida y dulce, inocente y muy niña.
Y por la grandes calles de Mil·li Grahit, pisaba fuerte. Aquella Nora tenía cuatro años más que los que solía tener, su cabeza no bajaba de cierta altura, decisiva, sarcástica, caminaba directa, lasciva, fácil de ver pero difícil de mirar.


Pero Nora sabía que sus chicas vividoras de la calle la dejarían completamente desarmada y en pelota picada otra vez cuando, al atravesar el corredero de la entrada del instituto, se encontrara con Ella.
De todos modos, sabe que no va a durarle mucho tiempo, pues Nora no espera y Ella encuentra más de lo que busca. Simplemente Nora disfruta del ahora, sabe que es lo único que le pertenece y que es una nata autoregeneradora...


Por el momento, a su lado es sólo un corazón descontrolado de latir fuerte, que asustado y sin querer, permanece incrustado en las carnes de una piel variable.

divendres, 18 de setembre de 2009

Maite ya no es tan dulce para el Rock 'n Roll.


Maite y su picardía, Maite y el mundo en sus pies. Ella ha sido siempre una triunfadora, ha pisoteado el miedo, ha escupido el reto y ha luchado con la Verdad como escudo. Pero Maite no será siempre sólo suya... la vida con el tiempo hacen juntos que ella se pierda. Y Va adentrándose poco a poco en un mar con de súbitas mareas, de lunas violetas y de olores dulces de mujer... y va descubriendo su propia verdad que siempre andaba escondida, esa verdad por la que nunca antes había luchado, guardándose esencias de cada mujer que resbala en su vida, las que la hacen temblar, esas musas del amor que sin conocerla saquean brutalmente su mundo y la certeza de quién es ella. Y a Maite le gusta temblar, le gusta saber que no es toda suya, que hay una parte en ella que desea una realidad idónea, que desea quererse por encima de la gente y de las bocas. Que es nueva en esto, y sólo sabe lo que quiere. Y la quiere a Ella. Su fuerza, sus chinches, su agudeza... y sueña en que un día pueda abrazarla sin miedo, sólo con ella en una burbuja de puro acero.




Así pues, nos encontramos de la mano dos extrañas adentrando nuestros cuerpos en un bar donde nadie es persona y las musas del sentir cojan nuestros cuerpos para hacer de ellos Rock 'n Roll.










dimecres, 9 de setembre de 2009

Alba, dulce como el mango.

Alba es una de esas personas de las que nunca tienen nada que decir. Y si hablan, es de verdad. No he conocido mayor elegancia que la suya, ni otra más dulce. Su halo es tan agradable y suave que te manipula discretamente para no decir nada vulgar, sucio o innecesario para no cambiar esa mirada inocente y clara suya, ni romper ese fino y pequeño cuerpecito de cristal tan transparente que a veces es invisible para aquellos quienes no pueden apreciar la belleza de la fineza. Es tan delicada que podría romperse en mil pedacitos en cualquier momento... y así hace. Y se esconde muy bien.


En silencio,  todos sabemos que un día va a estallar. Se ensuciará hasta tal punto que abandonará su inocencia en las manos de otros, en los porros, en el pote y en los polvos. Alba es una de esas personas de las que parece que nunca tienen nada que decir. Y si habla, es porque al final convive con una muerte dentro suyo: la de la ingenuidad.


dimarts, 8 de setembre de 2009

Sedúceme.

Sedúceme a tu manera, a tu gusto, sedúceme sólo a mi. Con tu olor, con tus manos, necesito seducción. Sedúceme al hablar, con tu inteligencia, con tu picardía, hazme temblar, quiero que me hagas olvidar la dignidad cuando estemos empapados de sudor y tengamos que decir ‘’no puedo más’’. Enséñame risueñamente el cómo perderme en tu calor. Después hazme saborear el sufrir, el morirme de ganas cuando tú me seduzcas y tú no te tienes por mí ni por mi amor. Sé difícil, sé imposible, quiero rabiar de impotencia y quiero no tenerte a mi labor. Sedúceme, necesito seducción. Estoy cansada de seducir, quiero que juegues conmigo a que tú no eres mío. Sedúceme a mí, pero no intentes camelar mi corazón, te aconsejo: no se estafa fácilmente, cobra a reembolso y repela la manipulación. Seduce mis sentidos, seduce mi cordura. Si lo consigues te prometo que te daré un poco de yo. Sedúceme, que no saben seducirme y mi labia en el juego está perdiendo su color. Átame a tus cadenas y dame, muy poquito, algún capricho de amor...

Miss Cheap Heart.

De nuevo gimió un orgasmo enlatado. Su piel oxidada desgastaba, poniéndola a prueba una vez más. Tuvo un puntazo de fuerza, amor y verdad; se miró las manos y éste desvaneció. ''Otra vez será'' dijo en sus adentros. Necesita el dinero para su hija.

Y exhumó otro orgasmo de plástico.


Esto no es vivir, esto es sobrevivir... vacía.

Ingrid... sin, con y sin Eva.

Ingrid fuerte, segura, ni muy niña ni muy mujer. Avanzaba veloz en la calle oscura embriagando la noche, desprendiendo la libertad por todo su ser como sólo ella sabía hacer. Sus cabellos, frescos y decididos, luchaban por desprenderse en el aire y volar libres, envenenando sin querer la ciudad con su fragancia única, suave y fresca. Tentando sin propósito la cordura de la calle.
Sus ojos, los más negros de la noche, invitaban a la puerta de a saber qué paraíso, miraban firmes limitando a aquellos que miraban sin querer qué puertas cerradas nunca abrirían. La nariz, pícara y pequeña, complementaban los labios claros y sensuales. A conjunto de su clara piel, sus pechos jóvenes y suaves, sus piernas largas y su cintura delgada. Ingrid no se maquillaba. Una voz sensual, un cuerpo de muerte y una inocencia guardada.
Ella era pura dinamita, Ingrid era Ingrid y nadie ni nada podía cambiarlo. O eso creía.
Ingrid era pura dinamita cuando no sabía qué era el amor.  Hasta que sucedió. Lo que tuvo que suceder: Ingrid experimentó cuanto los demás la sienten a ella: Pasión. Admiración. Euforia.
Y sus noches y drogas, noches y locura, sexo, éxtasis, las noches más explosivas con los hombres más explosivos fueron tan sólo un lejano eco del pasado cuando la conoció a Ella. Conoció el amor reencarnado en mujer.
Ella. Y murió por sus carnes. Por su boca fina y simpática, por sus ojos claros y buenos, por su cuerpo pequeño y suave. Toda ella la acogía con su más cálida piel y su más dulce sonrisa. Y la cordura de Ingrid se perdió. Y cada día era más inocente, y más niña, e iba perdiendo el control de ella misma. Y eso era felicidad. Empezó a amarse menos hacia dentro y más hacia fuera, pretendiendo sorber cada una de las partes de Eva. Y las noches rutinarias del sábado se convirtieron en rutina de morir en las caderas de Ella, y las tardes se convirtieron en polvos en lavabos, euforia y admiración. Pero llegó demasiado lejos. Sueños hedonistas, obsesiones posesivas y exigencias cobardes. Ingrid dejó de ser Ingrid enamorada, se transformó en desesperación y posesa. Y quería encerrar el amor para siempre, quiso atar con ella a Eva con cadenas de acero, y tener los poderes de una lince para no perder ni una gota de ella.

 Y Eva dijo Basta. Exhaustada, obligó a que le devolviera lo que nunca iba a regalar: la Libertad.

Ingrid no tan fuerte, no tan segura, no tan niña y más mujer.