dimecres, 9 de setembre de 2009

Alba, dulce como el mango.

Alba es una de esas personas de las que nunca tienen nada que decir. Y si hablan, es de verdad. No he conocido mayor elegancia que la suya, ni otra más dulce. Su halo es tan agradable y suave que te manipula discretamente para no decir nada vulgar, sucio o innecesario para no cambiar esa mirada inocente y clara suya, ni romper ese fino y pequeño cuerpecito de cristal tan transparente que a veces es invisible para aquellos quienes no pueden apreciar la belleza de la fineza. Es tan delicada que podría romperse en mil pedacitos en cualquier momento... y así hace. Y se esconde muy bien.


En silencio,  todos sabemos que un día va a estallar. Se ensuciará hasta tal punto que abandonará su inocencia en las manos de otros, en los porros, en el pote y en los polvos. Alba es una de esas personas de las que parece que nunca tienen nada que decir. Y si habla, es porque al final convive con una muerte dentro suyo: la de la ingenuidad.


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