dimarts, 8 de setembre de 2009

Ingrid... sin, con y sin Eva.

Ingrid fuerte, segura, ni muy niña ni muy mujer. Avanzaba veloz en la calle oscura embriagando la noche, desprendiendo la libertad por todo su ser como sólo ella sabía hacer. Sus cabellos, frescos y decididos, luchaban por desprenderse en el aire y volar libres, envenenando sin querer la ciudad con su fragancia única, suave y fresca. Tentando sin propósito la cordura de la calle.
Sus ojos, los más negros de la noche, invitaban a la puerta de a saber qué paraíso, miraban firmes limitando a aquellos que miraban sin querer qué puertas cerradas nunca abrirían. La nariz, pícara y pequeña, complementaban los labios claros y sensuales. A conjunto de su clara piel, sus pechos jóvenes y suaves, sus piernas largas y su cintura delgada. Ingrid no se maquillaba. Una voz sensual, un cuerpo de muerte y una inocencia guardada.
Ella era pura dinamita, Ingrid era Ingrid y nadie ni nada podía cambiarlo. O eso creía.
Ingrid era pura dinamita cuando no sabía qué era el amor.  Hasta que sucedió. Lo que tuvo que suceder: Ingrid experimentó cuanto los demás la sienten a ella: Pasión. Admiración. Euforia.
Y sus noches y drogas, noches y locura, sexo, éxtasis, las noches más explosivas con los hombres más explosivos fueron tan sólo un lejano eco del pasado cuando la conoció a Ella. Conoció el amor reencarnado en mujer.
Ella. Y murió por sus carnes. Por su boca fina y simpática, por sus ojos claros y buenos, por su cuerpo pequeño y suave. Toda ella la acogía con su más cálida piel y su más dulce sonrisa. Y la cordura de Ingrid se perdió. Y cada día era más inocente, y más niña, e iba perdiendo el control de ella misma. Y eso era felicidad. Empezó a amarse menos hacia dentro y más hacia fuera, pretendiendo sorber cada una de las partes de Eva. Y las noches rutinarias del sábado se convirtieron en rutina de morir en las caderas de Ella, y las tardes se convirtieron en polvos en lavabos, euforia y admiración. Pero llegó demasiado lejos. Sueños hedonistas, obsesiones posesivas y exigencias cobardes. Ingrid dejó de ser Ingrid enamorada, se transformó en desesperación y posesa. Y quería encerrar el amor para siempre, quiso atar con ella a Eva con cadenas de acero, y tener los poderes de una lince para no perder ni una gota de ella.

 Y Eva dijo Basta. Exhaustada, obligó a que le devolviera lo que nunca iba a regalar: la Libertad.

Ingrid no tan fuerte, no tan segura, no tan niña y más mujer. 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Lo que te salga, no te cortes.