diumenge, 25 d’octubre de 2009

Claudia perdió su edad, pero la recuperó.

Claudia había perdido su edad.

Hacía algún tiempo nadie volvió a ver el brillo de sus ojos, pues pensaban que el tiempo lo había fundido de por vida. Las navidades ya no le regalaban nada y los besos de los hombres capaces de tocar sexo en el corazón, la aburrían.


Nadie se atrevía a cuestionar la sonrisa torcida que dejaba entrever entre el cabello que la escondía, pues aunque no se pronunciaba, se sabía que derramaba muerte en cada derramo de día.
Pero todos se equivocaron, todos la dejaron por perdida y Claudia renació. Dejó de sentir presión en el cuello por las noches, dejó de tambalear sus brazos al andar . Volvió a sentir miedo, volvió a querer llorar de felicidad... pues le quedaba alguna lágrima.





Tristeza, pasividad, lascivia, sarcasmo, piedad, soberbia... poco a poco la propia Claudia sintió de nuevo su piel. Y recordo qué era el odio... y odió a todas esas personas que odiaban los sentimientos. A las que alguna vez han deseado dejar de sentir, las que han querido ser zombis.
Se odió a sí misma por haber sido una de ellas.


Y una vez más, dejó de tocar teclas y más teclas para ir al bar donde solían quedar, le daría un besito e irían de la mano a cualquier lugar en el que follar con la mirada tranquilamente.

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