diumenge, 4 d’octubre de 2009

Caprichos.


Dos cuerpos pegados ardían de lascivia cuando, una vez más, el mundo moría en guerra y llanto. Y a ellos no les importaba, pues se bañaban en fuego. Dime, ¿a quién no le gusta el poder?



Amor ha sido siempre una mujercita muy egoísta.
Primero te agarra, te sacude hasta el punto en que te abstrae del aire. Y más tarde...
te abandona a reembolso de algún caprichito y con la pregunta de si volverá y te seducirá como la última Amor.

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