dijous, 31 de desembre de 2009

¿Un abracito, Aloïse?

Tac. Tac. Tac. Empezaba a lloviznar y ellas dos seguían caminando.
Avanzaban despacio y en silencio, como si se les fuera el tiempo en ello.


-Mamá, quiero un abracito.
-¿Qué?
-Joder, mamá, pues eso, que quiero un abrazo. ¡Que necesito calor, hostia!


Y era verdad. Lo necesitaba porque tenía el corazón helado.
Se le había congelado ayer, cuando metida de coca hasta el coño, vio la sangre caliente derramándose entre sus piernas y notaba cómo el suelo del baño iba a incrustarse en el cráneo de tanto aferrarse a él.
Y cuando su amiga Pauline la encontró, le colocó una mantita y le susurraba Venga, Aloïse, las rockeras no lloran. No llores, bonita. No llores…

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