diumenge, 9 de maig de 2010

escapé al revés (II)


- ahora mismo, voy a contenerte la respiración por cada susurro que te acaricia mientras tú haces como si me escuchas. una vez, me comí a un hombre. la policía nunca supo nada porque éste, nunca existió en papel oficial. creció en un pueblo cerca de Melilla y me pidió a grito, llanto y garganta pelada que me lo comiera. yo acababa de salir de la cárcel y me fui ahí abajo para soltar el animal que me desgarra el alma cada día, ser libre. me ofreció su brazo. mastiqué un pedazo pero se lo escupí en la cara. el sabor de carne se hizo un extraño en mi boca. como el hombre no aguantaba más, se metió dentro de una chimenea y yo le prendí fuego. ¿no te lo crees? pues verás, un colega psiquiatra que me guarda el secreto, me dijo que mirara cada sábado en un bar diferente a ver si encontraba un hombre buscando morir y le llenara la vida de magia. que lo conozca y lo haga feliz, con amor y pasteles. así mi subconsciente se curaría un poquito.

- vaya, me has ganado.

- sí, lo he hecho. yo miento mejor, y más rápido. eres inteligente, pero no demasiado. te he visto las ganas de sangre en la mirada. en cuanto he ido acelerando mi mentira te has ido calentando, ansioso, resguardando rabia y sed en algún sitio. ¿verdad? ahora, si me disculpas, cierro esta interesante velada por dirigirme a mi coche e irme a casa sin mirar atrás. mañana me espera un día duro en mi clínica. mucho papeleo y mucho enfermo, ya sabes. tenía ganas de descansar y he venido aquí para tomar una copa y olvidar un poco el olor a psicópata. busca a alguien que te llene la vida de magia, te haga pasteles y el amor y ven a visitarme, querido, no vayas a quererla demasiado dentro de ti. por cierto, soy Valeria Gómez. - terminó

escapé al revés (I)


entraron en el bar dos ojos felinos y un cuerpo salvajemente curvilíneo. como una leona en pleno hábitat de caza, se movía volátil y pícara, buscando carne humana que le sedara la noche. sosteniendo su copa, analizaba cada una de sus víctimas de derecha a izquierda. me acerqué a su mesa

- qué collar tan bonito.

me resiguió de arriba a bajo y se me quedó mirando. yo a penas veía dos faros sustentos en la oscuridad

- Valor.

-¿qué?

- la uve de mi collar. significa Valor. - musitó.

- ¿quieres saber cuánto de eso hay en esta sala? fíjate bien. en el extremo izquierdo, podemos observar a una joven con una cara camisa planchada y falda lisa y negra. las medias le apretan los tobillos y sus zapatos tienen el suficiente tacón como para ganar la suficiente credibilidad. está sola, apollada en la barra. casi ni se mueve. bebe un buen brandy con dos hielos, y el vaso está casi vacío. debe ser abogada. lleva un reloj caro y el peinado algo alborotado, se habrá deshecho el apretado peinado hará nada. está claro que huye de si misma viniendo a un lugar como éste. veamos, el hombre con chándal barato del medio, el que sostiene un cigarrillo en la mano izquierda y deja libre la derecha para poder mobilizar sus argumentos. habla con una mujer de bonito escote y zapatos kilométricos. el hombre parece cansado, pero aún así lo disimula con su media sonrisa galante y us ojos seductores. vivirá en un piso asfixiante y a juzgar por su alta capacidad de mentir, trabajará en una oficina de mierda atendiendo niñas con desórdenes psicológicos y hombres con tics de algún trauma pasado. en este lugar no le hace falta atender a nadie más que a si mismo. la chica con la que está hablando será una divorciada desesperada por salir de su casa vacía y llenarse de algún hombre que sea buen mentiroso y la haga reír, y puedan disfrutar de una velada completa en un motel medio decente y al día siguiente, puedan recordarse como unos pocos momentos de alivio recíprocos. luego probablemente la mujer esperará a la llamada de él varios días, pero no la llamará porque está demasiado ocupado atendiéndose a si mismo y cambiará de bar para respirar una bocanada fresca de la noche anterior, cambiar de aires, cosa que no puede hacer en su trabajo y no está para atender a otra mujer desesperada  porque él también tiene problemas, y si no cobra, no atiende.

- ¿dime, y tú qué haces aquí?

- más correcto sería si fuera yo quien te lo preguntara. yo no llevo Valor en el cuello - me acerqué el collar con una mano para simular como que lo miraba mejor, desviando la mirada hacia su caliente cuello.

- ven. ven un momento, sígueme

me llevó fuera, y chocó la espalda contra la pared, acercándome a sus labios para que la oyera perfecta y claramente.

dissabte, 1 de maig de 2010

Lisa y Susan

Lisa era de las que besaba a chicas de pelo corto y se vendía en mamadas. su mirada era penetrante, profunda, azul. te regalaba su luz por un momento y sabías que te habías quedado atrapada en ellos. para siempre, pegada. por eso Susan no pudo dejarla entre sus suspiros de niña muerta y medias bocanadas de aire concentrado cuando yacía entre paredes blancas, con correas en las extremidades después de volver al lugar donde le hacía sentir viva. su casa, su hábitat desde que a los nueve años, quemó su piel con gasolina y cerilla por intentar ser un poco menos ella, eliminar lo imperfecto. entonces, ya con dieciocho inviernos, pudo ver que su mirada había perdido color desde la última vez que la vio. Lisa sobrevivió de pollas, cartones y lluvia callejera durante semanas. recorrió mundo esclava de su miserable ilusión de Libertad como fugitiva, pero volvió y se la podía confundir con las sábanas. sin color. transparente. sin luz. fría como el hielo. con los huesos tan finos como el hilo blanco que la encubría. Susan miró un poco mejor, y el azul que tenía cuando sus límites no eran visiblemente tangibles, se había vuelto gris apagado. la fuerza que sacaba del pozo inacabable de su vida, descendía por las correas y el poco calor que le quedaba, se desvaneció entre los cortes de su carne.



entonces, supo que ella nunca podría ser como Lisa.

aún se le entreveían chispas en los ojos y unas ganas rebosantes de vivir.
y recordaría los pasillos blancos de la clínica y sus escapadas para tocar la guitarra en sus noches infinitas con Lisa, quien después de desaparecer de ese mundo de medicinas no volvió a ver jamás, pero se quedó en un rincón del corazón de Susan para siempre, pegada en las trancas.

dilluns, 26 d’abril de 2010

Malena

casi asfixiándose, Malena hundió otra vez sus dedos hasta el fondo de la garganta y se salpicó los pantalones de vómito ácido, y le pareció que después aún seguían ahí sus dedos, incrustados.
la siguiente vez, aún con más fuerza y cuatro dedos clavados dentro, echaron a patadas los restos que le quedaban de mimo de frambuesa en su carne de Niña Magdalena: la sangre, que ya le picaba la nariz, se dejó caer por allí fuera porque con tanto revoltijo el estómago acabó un poco tonto y liberó lo que quizá esos dedos ansiosos y entrometedores iban rascando hacía un buen rato.

Malena escupió un bocado de sangre, se bajó los pantalones vacilando y se quedó en bragas de ropa y calcetines de colores. se miró las pupilas dilatadas en el espejo y las venas de los ojos ardientes y bateantes. 
torció la boca que parecía algo así como una medio sonrisa enlatada. se extendieron sus labios. se rió. se rió a carcajadas, le dolió el abdomen vacío y cansado porque se desintegraba viva, tenía una carcajada pegada y se mofaba de si misma, pues siempre toda ella fue una ironía.
cogió un pedazo de papel higiénico, limpió el suelo y la taza, se cepilló los dientes, recogió la ropa y allí no pasó nada.

Lucas y Curro

-venga, corre, ven y vuela conmigo!

-yo no sé volar, Lucas, porque una vez, cuando tenía seis años, me subí en un caballo y me caí a trompicones.

-eso son tonterías, claro que sabes volar. ese caballo era tonto, te lo digo yo. venga, el último se come una mierda de cabra!


de súbito, Curro arrancó del suelo y la humedad observaba a esos dos niños (o no tan niños) cruzar toda la tundra con abrazos de hierba y barro. se tiraban al suelo con empujones, revolcándose en el barro y haciendo comer hierba al otro. una hora después, Lucas se asfixiaba en sudor y bocanadas de aire; paró en un gran tronco y se tumbó vencido. el frío nórdico del suelo se le colaba por la camiseta.
Curro se le sentó al lado con las piernas estiradas respirando fuerte y sin ritmo, con dolor hondo de garganta. lo veía cómo cerraba los ojos y dejaba entrever su grande sonrisa de calma.
A Curro se le erizaron los pelos de los brazos, levantó una pierna y la colocó a un lado de él, sosteniéndolo entre las dos. Le miró juguetón desde arriba y le dio un besito en los labios. Lucas abrió mucho los ojos, como si quisiera absorber el momento y los poros de Curro.
sin poder(saber) hacerlo de otra forma



-Joder, joder, enséñame a volar

dissabte, 10 d’abril de 2010

que la sangre caliente de mis venas
se convierta en hiel autodidacta,
hija de Ivy, concebida en barro y guerra.
que el hilo blanco de mis senos
se haga el más mortal de los venenos
amamanto de Lilith, sacramento de Caín
para que mate todo aquello que me quita la destreza,
flaquezas de utopías lacran nuestros sentidos.
para que mate todo lo que nace de mis huesos
para que mate lo que sin quererlo es todo mío.

que la cuna de mis brazos te muda
esta noche febreril, mera vida eterna
de sangre de hiel, hilo de veneno
labios de invierno, corazón de inquina.

dilluns, 5 d’abril de 2010

Dentro, ya en casa, en brazos de la chimenea haciéndome de mamá. El silencio reposaba sobre nuestros hombros y se colaba poco a poco por nuestras espaldas, respaldadas tú en el sofá y yo en el sillón. El que te gusta tanto, que me dejaste esa noche de abril antes de ponerme nuestra manta de lana blanca.

- Aún no me he acostumbrado a esto. Cada día que pasa me gusta mucho más. Será porque el cielo cambia tanto como yo. Siempre está ahí, presente, cada día un poco más lejos y un poco más cerca. Cada día un poco más diferente en relación de donde estamos. Y después están las estrellas, filtrándose por nuestros poros, comiéndonos a escondidas mientras nosotros dos nos miramos. Mientras tengo a mi luna en la cama. Respirando despacito, dormidita hasta las trancas. Y es que ninguna luna tiene la luz que me emanas cuando tus piernas se revolcan por las mías y tu aliento me resquebraja la cordura.

diumenge, 4 d’abril de 2010

Se acabaron los secretos de almohada. Se ha roto el hilito que quedaba cruzando su frente blanca, entre los cabellos de niña postiza. Díganme, señores, si la vieron ustedes jugar. Díganme, señores, si la quisieron ustedes mimar, enseñar a la niña que os enseñó a educar, o a ser menos corrupto. Se acabaron los secretos de almohada. La niña del vestido blanco se vistió de autodidacta y tiene una pistola en la mano. No queda inocencia en cajitas de alambre, se esfumaron por desgarros en el ano, fantasmas que se juraron salvar. Y qué remedio. Díganme, señores, si la quisieron ustedes mimar.

dimecres, 24 de març de 2010

utérus

Frío en mi camita. ¿Por qué no te vienes aquí conmigo? Y nos metemos debajo de cuatro o cinco mantas para que no haya ni un agujerito y no se cuelen suspiros asfixiados ni caladas podridas. Que todo eso, yo no lo quiero. Yo quiero que me llenes de calor aquí debajo, tan oscuro que está, tus ojitos cerrados y tus brazos que me recogen la cintura. ¿Qué pasa si ahora  no quiero salir nunca nunca más de mi cama? ¿Qué pasaría, eh?

dissabte, 6 de març de 2010

Toda todita.

Y aunque sus besos se hayan perdido por el camino, y aunque te hagan una fiesta al llegar al colegio, y aunque te hayas podrido un poco, tú no eres quien elige la marea del subconsciente cuando te metes en la ducha y los chorros calientes te abrazan y recogen, convirtiéndose ese pequeño en el útero que las personas acabamos por morder y arrancar cuando nos hacemos mayores, por no quedarte en el regazo de mamá para siempre cuando miras una peli o cuando estás en la casa de unos desconocidos que acaban por quitarte el derecho a colgarte de su cuello mientras hablan. 
Cuando te metes en la ducha, tú no eliges quién vas a ser en esos diez, quince, veinte minutos. Estás sola. Tú sola, toda tú, sin máscaras, sin compromisos. Parece que el consciente se fuga y sólo quedemos nosotros. Nuestra imaginación. Nuestras teorías absurdas que al salir, o se olvidan o no vuelven a tener sentido. Como cuando son las dos de la mañana y me pongo a escribir.

Al fin y al cabo, Felicidad. Felicidad es lo que nos queda en el fondo.
Felicidad cuando te acostumbras a estar ratos sola, saborearlos y exprimir Felicidad de alguna forma, sea escribiendo o quizás dibujando, por pensar que ésa eres tú. Sólo . Eres tú y te haces gracia a ti misma. Porque piensas cosas que sólo surgen debajo de la ducha, o en el ordenador, y que sigues siendo una niña pequeña con mucho amor para dar y no te sale pensar sobre las cosas malas que te pasan. Porque estás bien. Ahora sí, estás bien, solita. 

Felicidad, porque tú eres la única a quien amas. Te tienes a ti, y a nadie más, pero tú te tienes toda

¿No has acabado nunca el día sola y cómoda y has pensado ''joder, si es que en el fondo, cuánto me quiero, coño.''?

Puede ser que no.


dilluns, 1 de març de 2010

Las Putas.



Yo me enamoro de ellas.
Son penetrantes, profundas: se me clavan como agujas y pinchan hasta que caigo rendida y no se me pueden despegar de dentro. Tengo varias putas pegadas y me duelen un poco, pero ya me gusta que estén ahí. Llevo conmigo las musas que más me gustan.
El día en que mis instintos más primarios, salvajes y puros no me palpiten entera por un jodido corazón prostituto... puede que comience a estar cuerda.

dilluns, 8 de febrer de 2010

De las nuestras.

Yo soy de ésas que tocan el piano en vez de llorar. Soy de ésas que queriendo o no, clavan en cada tecla una gota que nunca llega a derramarse, hasta que el cuello se contrae y pesa demasiado.
Soy de ésas que aprovechan las fuentes medio vivas que vierten desde dentro, reciclándolas en lírica y otras mentiras con puntazos de verdad entre líneas.
Soy de ésas que escuchan rap por no vomitar mis entrañas. De las que necesitan escuchar rock para que el corazón no se asfixie, porque a veces necesito pegarme a mí misma con música de casa, muy honda, que nadie pueda entendernos y pueda quedarme a solas con ella.
Soy de las que han llegado a amar a Nirvana y sentirse incomprendida porque casi nadie encuentra esa pasión en cada rinconcito de sus canciones medio enterradas. Y si he conocido a alguien que también sienta a Kurt Cobain en carne viva, lo último que hemos hecho es hablar de cómo penetra. No es necesario, porque quien siente a Nirvana, no necesita palabras de otra más. Porque sabe que es de las nuestras.

dijous, 4 de febrer de 2010

¿Un chocolate caliente y una mantita?

Tenía un pentagrama escondido en el interior de los párpados y dejaba un caminito de música al compás de sus pestañas. A sus veintiún años seguía persiguiendo el vuelo de los pájaros, soñando en cuidar alguno entre el hilo de sus dedos, por tal de cobijarlos como nunca cobijó nadie su inocencia.  Pero los pájaros no quieren cobijarse.
Quizás ésa es la razón de que ella no se quedaba en un sitio más de veintiún días, los días que tardamos en sentir que algo forma parte de nosotros… la razón de porqué murió a los veintiuno sola, con una cajita musical en la mano.

dimecres, 3 de febrer de 2010

Yo ya estoy muerta.

Ella. Sola y con el corazón saliéndole por garganta, para tirarlo de nuevo por el conducto del váter.
Podía verle de niña en la mirilla de sus ojos. Enjaulada en histeria, una vez más.Venga, tú puedes. Mételos hondo. Vamos, más hondo, para que se te marquen los pómulos.
Coño, hasta yo sentí el dolor en su esófago. La garganta se oxidó un poquito más de jugo gástrico. Eso en el fondo no importaba porque, una vez dentro, los dedos renacían hijos de Satanás y el dolor desaparecía durante unos instantes, transformándose en victoria. Victoria y placer. No como los mayores polvos que puedas haber metido, si no ese placer que sabes que sentirás a largo plazo, fuera del baño. En la vida que calculas para que sea feliz.

Me escocía su mirada. Sus lágrimas empezaron a perderse en un mar de olas de jugo gástrico y culpa. Le acaricié la mejilla con la yema de los dedos manchados de experiencia, y la acuné en mi regazo. La niña de mis ojos estaba asustada de mí. Ya no me querría porque la he hecho soñar y ahora no podía abrir los ojitos.

- Esto es una mierda, Lisa, esto es una mierda y lo sé.

No se me ocurrió nada mejor que decirle. En el pecho tenía gritos ahogados, de esos que no salen al despertarte de una pesadilla. Yo intentaba calmarlos con mi calor, pero no creo que pudiera, pues yo también estaba con ella. Yo también tenía frío. Quería salvarla pero yo ya había muerto.

-Coño, que sí, que esto es una mierda, joder. Que no llores, mi niña, no llores...

dilluns, 18 de gener de 2010

Magdalenas,

Voy a comerte despacito. Para que sintamos cada bocado y te disfrute a poco a poquito, sin que las ansias se me vayan de las manos. Que las prisas no me gustan y terminan sabiéndome a poco, que aunque tenga hambre, me guardo la parte buena para cuando me duela el estómago. Voy a comerte despacito, muy lento, para que no te sepa yo a capricho. Sorberte cada poro y dejándome un poquito... no sea que te termines del todo.

dijous, 14 de gener de 2010

qué pena.

-qué pena que no haya marcado dos goles. Estaba obligado a hacerlo.
-¿ah, sí? ¿y eso por qué?
-pues porque podrían eliminarlo.
-... ah.
-¿qué?
-esque a mí el fútbol, como que no. ni me interesa, ni lo conozco, ni me gusta. es una gran pérdida de dinero. un simple sistema que nos despista a todos delante del gobierno.
-yo, si quieres que te diga... tampoco me gusta.
-entonces, ¿qué hacemos hablando de fútbol?
-...
-¿cómo te ha ido el día? 

con las rodillas desgastadas y un ojo de cristal.


Un viejo me dijo una vez que en el fondo, él no se había hecho mayor. Seguía tan ingenuo como a los quince años, y otros veranos en los prados de Noruega. Tan ingenuo, cuando ella tenía las manos entre su cabello. Cuando se manchaban juntos de verde limpio. Como cuando se tumbaban y se dormían mirándose a los ojos, respirando el aire puro de los avetos. Sintiendo cómo el agua del río se secaba en sus pies descalzos al sol, sin conseguir calentarlos. Pero ellos no tenían frío.


Me dijo que él nunca llegó a caducarse, que seguió siendo un niño hasta el día de hoy, porque
las cosquillas del amor no se las ha quitado el tiempo.

dimecres, 13 de gener de 2010

comestible.

tienes la piel muy blanquita... de esas que duelen por chocar con ellas sin querer, porque luego cuesta desprenderla del iris. me gusta tu sonrisita cuando me miras, parpadeas y miras hacia otro lado como si no lo supiera. 
susúrrame cosas bonitas, de esas que te dan vergüencita y escondes en las pupilas.