dilluns, 8 de febrer de 2010

De las nuestras.

Yo soy de ésas que tocan el piano en vez de llorar. Soy de ésas que queriendo o no, clavan en cada tecla una gota que nunca llega a derramarse, hasta que el cuello se contrae y pesa demasiado.
Soy de ésas que aprovechan las fuentes medio vivas que vierten desde dentro, reciclándolas en lírica y otras mentiras con puntazos de verdad entre líneas.
Soy de ésas que escuchan rap por no vomitar mis entrañas. De las que necesitan escuchar rock para que el corazón no se asfixie, porque a veces necesito pegarme a mí misma con música de casa, muy honda, que nadie pueda entendernos y pueda quedarme a solas con ella.
Soy de las que han llegado a amar a Nirvana y sentirse incomprendida porque casi nadie encuentra esa pasión en cada rinconcito de sus canciones medio enterradas. Y si he conocido a alguien que también sienta a Kurt Cobain en carne viva, lo último que hemos hecho es hablar de cómo penetra. No es necesario, porque quien siente a Nirvana, no necesita palabras de otra más. Porque sabe que es de las nuestras.

dijous, 4 de febrer de 2010

¿Un chocolate caliente y una mantita?

Tenía un pentagrama escondido en el interior de los párpados y dejaba un caminito de música al compás de sus pestañas. A sus veintiún años seguía persiguiendo el vuelo de los pájaros, soñando en cuidar alguno entre el hilo de sus dedos, por tal de cobijarlos como nunca cobijó nadie su inocencia.  Pero los pájaros no quieren cobijarse.
Quizás ésa es la razón de que ella no se quedaba en un sitio más de veintiún días, los días que tardamos en sentir que algo forma parte de nosotros… la razón de porqué murió a los veintiuno sola, con una cajita musical en la mano.

dimecres, 3 de febrer de 2010

Yo ya estoy muerta.

Ella. Sola y con el corazón saliéndole por garganta, para tirarlo de nuevo por el conducto del váter.
Podía verle de niña en la mirilla de sus ojos. Enjaulada en histeria, una vez más.Venga, tú puedes. Mételos hondo. Vamos, más hondo, para que se te marquen los pómulos.
Coño, hasta yo sentí el dolor en su esófago. La garganta se oxidó un poquito más de jugo gástrico. Eso en el fondo no importaba porque, una vez dentro, los dedos renacían hijos de Satanás y el dolor desaparecía durante unos instantes, transformándose en victoria. Victoria y placer. No como los mayores polvos que puedas haber metido, si no ese placer que sabes que sentirás a largo plazo, fuera del baño. En la vida que calculas para que sea feliz.

Me escocía su mirada. Sus lágrimas empezaron a perderse en un mar de olas de jugo gástrico y culpa. Le acaricié la mejilla con la yema de los dedos manchados de experiencia, y la acuné en mi regazo. La niña de mis ojos estaba asustada de mí. Ya no me querría porque la he hecho soñar y ahora no podía abrir los ojitos.

- Esto es una mierda, Lisa, esto es una mierda y lo sé.

No se me ocurrió nada mejor que decirle. En el pecho tenía gritos ahogados, de esos que no salen al despertarte de una pesadilla. Yo intentaba calmarlos con mi calor, pero no creo que pudiera, pues yo también estaba con ella. Yo también tenía frío. Quería salvarla pero yo ya había muerto.

-Coño, que sí, que esto es una mierda, joder. Que no llores, mi niña, no llores...