dilluns, 26 d’abril de 2010

Lucas y Curro

-venga, corre, ven y vuela conmigo!

-yo no sé volar, Lucas, porque una vez, cuando tenía seis años, me subí en un caballo y me caí a trompicones.

-eso son tonterías, claro que sabes volar. ese caballo era tonto, te lo digo yo. venga, el último se come una mierda de cabra!


de súbito, Curro arrancó del suelo y la humedad observaba a esos dos niños (o no tan niños) cruzar toda la tundra con abrazos de hierba y barro. se tiraban al suelo con empujones, revolcándose en el barro y haciendo comer hierba al otro. una hora después, Lucas se asfixiaba en sudor y bocanadas de aire; paró en un gran tronco y se tumbó vencido. el frío nórdico del suelo se le colaba por la camiseta.
Curro se le sentó al lado con las piernas estiradas respirando fuerte y sin ritmo, con dolor hondo de garganta. lo veía cómo cerraba los ojos y dejaba entrever su grande sonrisa de calma.
A Curro se le erizaron los pelos de los brazos, levantó una pierna y la colocó a un lado de él, sosteniéndolo entre las dos. Le miró juguetón desde arriba y le dio un besito en los labios. Lucas abrió mucho los ojos, como si quisiera absorber el momento y los poros de Curro.
sin poder(saber) hacerlo de otra forma



-Joder, joder, enséñame a volar

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