dilluns, 26 d’abril de 2010

Malena

casi asfixiándose, Malena hundió otra vez sus dedos hasta el fondo de la garganta y se salpicó los pantalones de vómito ácido, y le pareció que después aún seguían ahí sus dedos, incrustados.
la siguiente vez, aún con más fuerza y cuatro dedos clavados dentro, echaron a patadas los restos que le quedaban de mimo de frambuesa en su carne de Niña Magdalena: la sangre, que ya le picaba la nariz, se dejó caer por allí fuera porque con tanto revoltijo el estómago acabó un poco tonto y liberó lo que quizá esos dedos ansiosos y entrometedores iban rascando hacía un buen rato.

Malena escupió un bocado de sangre, se bajó los pantalones vacilando y se quedó en bragas de ropa y calcetines de colores. se miró las pupilas dilatadas en el espejo y las venas de los ojos ardientes y bateantes. 
torció la boca que parecía algo así como una medio sonrisa enlatada. se extendieron sus labios. se rió. se rió a carcajadas, le dolió el abdomen vacío y cansado porque se desintegraba viva, tenía una carcajada pegada y se mofaba de si misma, pues siempre toda ella fue una ironía.
cogió un pedazo de papel higiénico, limpió el suelo y la taza, se cepilló los dientes, recogió la ropa y allí no pasó nada.

1 comentari:

  1. :O
    que pena que haya qente que sufre eso todos los días. ..:(


    Un beso de tarta de fresa de los que se quedan para siempre en la tripita :)

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