diumenge, 9 de maig de 2010

escapé al revés (I)


entraron en el bar dos ojos felinos y un cuerpo salvajemente curvilíneo. como una leona en pleno hábitat de caza, se movía volátil y pícara, buscando carne humana que le sedara la noche. sosteniendo su copa, analizaba cada una de sus víctimas de derecha a izquierda. me acerqué a su mesa

- qué collar tan bonito.

me resiguió de arriba a bajo y se me quedó mirando. yo a penas veía dos faros sustentos en la oscuridad

- Valor.

-¿qué?

- la uve de mi collar. significa Valor. - musitó.

- ¿quieres saber cuánto de eso hay en esta sala? fíjate bien. en el extremo izquierdo, podemos observar a una joven con una cara camisa planchada y falda lisa y negra. las medias le apretan los tobillos y sus zapatos tienen el suficiente tacón como para ganar la suficiente credibilidad. está sola, apollada en la barra. casi ni se mueve. bebe un buen brandy con dos hielos, y el vaso está casi vacío. debe ser abogada. lleva un reloj caro y el peinado algo alborotado, se habrá deshecho el apretado peinado hará nada. está claro que huye de si misma viniendo a un lugar como éste. veamos, el hombre con chándal barato del medio, el que sostiene un cigarrillo en la mano izquierda y deja libre la derecha para poder mobilizar sus argumentos. habla con una mujer de bonito escote y zapatos kilométricos. el hombre parece cansado, pero aún así lo disimula con su media sonrisa galante y us ojos seductores. vivirá en un piso asfixiante y a juzgar por su alta capacidad de mentir, trabajará en una oficina de mierda atendiendo niñas con desórdenes psicológicos y hombres con tics de algún trauma pasado. en este lugar no le hace falta atender a nadie más que a si mismo. la chica con la que está hablando será una divorciada desesperada por salir de su casa vacía y llenarse de algún hombre que sea buen mentiroso y la haga reír, y puedan disfrutar de una velada completa en un motel medio decente y al día siguiente, puedan recordarse como unos pocos momentos de alivio recíprocos. luego probablemente la mujer esperará a la llamada de él varios días, pero no la llamará porque está demasiado ocupado atendiéndose a si mismo y cambiará de bar para respirar una bocanada fresca de la noche anterior, cambiar de aires, cosa que no puede hacer en su trabajo y no está para atender a otra mujer desesperada  porque él también tiene problemas, y si no cobra, no atiende.

- ¿dime, y tú qué haces aquí?

- más correcto sería si fuera yo quien te lo preguntara. yo no llevo Valor en el cuello - me acerqué el collar con una mano para simular como que lo miraba mejor, desviando la mirada hacia su caliente cuello.

- ven. ven un momento, sígueme

me llevó fuera, y chocó la espalda contra la pared, acercándome a sus labios para que la oyera perfecta y claramente.

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